Léeme #32
Espiritualidad, la forma de la lectura y la conformación de la realidad.
Tiempo sin escribirte…
¿Estás bien? ¿vacacionas en algún lugar del mundo desconocido para mí? ¿Qué has hecho?
Yo estoy tirado en un suelo lleno de arena, recuerdo. Sucedió mientras estos pensamientos atravesaron mi cabeza. La guerra, constantemente, los terremotos, los levantamientos civiles, las tragedias, los triunfos, todo inunda la pantalla. Casi al mismo tiempo. Hay un profecía de Cristo sobre los tiempos del fin, oirás de guerra… etc etc. Y me reí, porque desde que comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, cuando se hizo el genocidio de Gaza, cuando comenzó la guerra contra Irán, el comentario geopolítico se dirigía hacia la profecía de la biblia, hacia el campo espiritual. Era como si el mundo enfrentara una batalla por el espíritu de nuestra era, se escucha del asesinato de cristianos en zonas en guerra, los matan sionistas y radicales musulmanes por igual. Hay persecución al pueblo árabe y sus creencias, y hay una narrativa antisemita contra cualquier crítica a Israel.
Así que casi cualquier hecho que suceda en el mundo se le confiere un sentido espiritual, escatológico. Esto es llamativo. El mundo al final no es tan moderno. Y volví a reír porque y si sí hay una guerra por el espíritu de nuestra era. Si la batalla espiritual es real, si el concepto de lo que está bien y está mal se nos mueve, incluso contra nuestra propia supervivencia, solo para mantener el poder en ciertas manos, o para entregarlo, o para dejarnos morir sin levantar el puño.
Cada vez pienso más en la necesidad espiritual, estamos perdidos.
Yo solo puedo cerrar mis ojos, agradecer a quien esté ahí arriba de nosotros y esperar lo mejor. Puedo abrazar y dar amor, porque es también algo que se perdió, hace no mucho, o quizá sí, hablé con una amiga sobre los muchos ensayos que hay de escritores sobre el amor, pero casi ninguna ficción creada sobre tal. No hay historias. Ya no se publican, ya no se leen. Ya no interesan a una parte de los artistas. Y esto ha sido tomado por narrativas vacías de las redes, por radicales digitales a favor o encontrar de todo lo establecido.
El amor, lo perdimos. Como perdimos la capacidad de crear dinero, de tener vivienda, o cualquier tipo de posesión. Lo escuché muchas veces, y ahora creo que es verdad: No tendrás nada y seres feliz. Lo que para el budismo es una elección para alcanzar la iluminación, para el capitalismo tecnofeudal es una forma de hacernos esclavos. No quiero sonar muy pesimista, no sé si a este punto lo soy. Sé que soy un lector de Cioran, desde siempre, y de Ligotti, con entusiasmo, y que todo este pesimismo sobre el sin sentido de la vida lo disfruto mucho. Puede, en el fondo, no dar razones para estar vivo. Al contrario, paseo y vivo y siento. Me arrojo a los placeres que puedo, mi verga aún no se deprime por completo. Soy solo un gran pene sonriente que camina las calles borracho con un grito en la garganta. Así que no soy, no quiero ser, el que lamenta algo que no sabe ni qué significa. Vivo, y es suficiente. Y bailo, y me quejo, y hago lo mismo que todas las personas allá afuera.
No hay ningún otro artificio.
Mi forma de leer cambió, tan aferrado a las formas, a la obsesión por cómo se hace, cómo se escribe, cómo se llega a la calidad de una página, dejé de lado las ideas, los conceptos que hacían a aquellos libros surgir. Aquí han pasado muchas lecturas, pero quizá tenga que ver el pasar horas abstraído en la idea de la literatura y su creación. La búsqueda del centro en el que estoy y desde donde se dirige mi palabra me hizo entender como la humanidad se extiende en un plano, cada uno grita lo que puede para que alguien lo escuche, y eventualmente la voz llega a otro. Así Dostoyevski grita y le escucho. Así Sábato. Así Bolaño. Así Homero. Así Dante. Así mis contemporáneos. Así tú. Así. La voz de algunos es mucho más potente que otros, y en esa voz hay una forma y una idea. Y la forma es la sombra de quién la crea. Y la idea habla sobre el mundo. Sobre el concepto del mundo. Y en esa idea se cobijan las personas. Esto es lo esencial.
Toda ficción no es más que un modelo de la realidad. Por eso la biblia resulta tan importante para analistas geopolíticos y de guerra. Por eso las tragedias más grandes que hemos vivido parecen solo tener una validez una vez pasan por el tamiz de la ficción. Y si ya nadie escribe sobre el amar en nuestro tiempo, y si toda nuestra literatura es una constante confrontación, y si nos encerramos (sin meditarlo) en todo esto, creamos esta realidad en la que todo es imposible. Todos enemigos, todo una conspiración.
Y aunque lo sea, perdemos la capacidad de la narrativa, incluso la que nos construye en nuestra cabeza. Vamos a forzar toda la realidad hasta quebrarla, como lo sueñan los más fervientes aceleracionistas. Decirte que tomes el control no es suficiente.
No es tan simple.
Estoy aquí viendo el sol brillar. Aquí está mi cabeza con el cabello revuelto, aquí está la poesía y la ficción en mis manos. Y no tengo tiempo de leerla.
Te abrazo, hazme saber qué tal estas.
No olvides amar, y amarte.
Besos.

